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EL EFIMERO ARTE DE LA SOLEDAD.

Escrito por el 23 marzo 2020

HISTORIAS DE LA GRAN PANDEMIA

La fotografía, es una butaca de primera fila en la historia. Los fotógrafos espectadores privilegiados, que tratan siempre de sacar el mayor partido a este asiento preferente. La fotografía no es únicamente un oficio. Es algo más que una carrera profesional. Es una forma de vida.

Desde su invención en 1824 por Niepce y el perfeccionamiento de los procesos en 1839 por Daguerre, ha estado ligada y obligada a retratar e inmortalizar todo lo que pasaba por este mundo. La práctica de ilustrar historias noticiosas con fotografías fue posible gracias al desarrollo de la imprenta y a las innovaciones de la fotografía que ocurrieron entre 1880 y 1897.

Desde entonces y con su entrada en el periodismo, han puesto imágenes a las noticias y hoy en día, 140 años después, sigue haciéndolo.

Si tus fotos no son lo suficientemente buenas, es que no estás lo suficientemente cerca.

ROBERT CAPA.

El fotógrafo de Magnum era casi un suicida, cuando cogía su Leica y saltaba a la primera línea de fuego para retratar a los soldados, por ejemplo de la Guerra Civil Española. 

El covid-19 esta mostrando al mundo unas terribles fauces y unos datos aterradores sobre infecciones y muertes, pero también esta dando momentos para que los intrépidos con cámara en mano, ahora digital y por redes sociales, expongan en fracciones de segundo la belleza en medio de todo este caos.  El confinamiento obligado en esta cuarentena está dando paso a algo insólito. Ciudades vacías. 

Madrid, famosa por su hospitalidad, por ser la ciudad que nunca duerme luce hoy triste, vacía y más sola que nunca.

Mi relación con esta ciudad, que lo pone todo tan difícil, como tantas otras, no es la mejor pero nunca me imaginé que la vería tan sola, sin gente de «tapeo» y cañas, sin gente en sus museos, cines y musicales, ni invadiendo sin cesar sus calles.  

La Puerta del Sol, centro neurálgico de Madrid y cuna de una revolución de gente que cambió el pulso de este país, punto de encuentro en la que los españoles nos juntamos una vez al año para hacer algo juntos, desolado. 

La Gran Vía siempre llena de gente y con un bullicio inacabable, presenta ahora este aspecto apocalíptico. Durante la república se llamo Calle de Eduardo Dato, Avenida de Pi y Margall. Fue escenario crudo de la entrada falangista durante la Guerra Civil española. Popularmente fue la Avenida de Rusia, de la Unión Soviética y de la CNT, y también la Avenida del quince y medio, en referencia a los proyectiles del ejercito franquista, que disparaban sin cesar sobre el atrincherado Edificio Telefónica. Avenida de México y después del terrible José Antonio. Eje principal del comercio de Madrid. Con la transición española, el buen alcalde Tierno Galvan, le devolvía oficialmente el nombre con el que, Carlos María de Castro, arquitecto que hizo la primera proyección de esta castiza calle, la bautizó. Nunca, jamás y pese a todas las vicisitudes por las que atravesó la Gran Vía, la habíamos visto tan sola y tan triste.

La calle preciados que desde 1943, es uno de los barrios más caros del mundo y que albergó la lucha entre Galerias Preciados de Pepín Fernandez y El Corte Inglés, la sastrería que después se haría con casi el monopolio comercial de la calle, siempre ha sido un caudal inagotable de gente con bolsas y prisas. Hoy sola. 

Damia, madre, frígia, la diosa fértil, la Diosa Cibeles testigo de la historia de Madrid, punto de encuentro de miles de aficionados futbolísticos y paciente espectadora del tráfico madrileño, debe de estar sorprendida de la soledad de la que disfruta estos días, pero ella tiene leones inmunes y línea directa con el oráculo de Delfos, quizá deberíamos consultarle a ella, qué hacemos. 

El noble militar O´Donnell, canario ilustre que comparte protagonismo en su cruce con el famoso pirulí, igualmente retransmiten la soledad no solo de las calles de Madrid, también las del mundo entero. En estos días en los que las telecomunicaciones son fundamentales no solo para guardar la cordura, también para perderla. 

La Castellana siempre atascada, albergando más tráfico del que puede, descansa ahora mostrando un aspecto tan desolado. Con los gigantes mirándola y dejándola a un lado, sin valorar que sin la gente que por ella pasea, solo son un montón de ladrillos sin valor.

Se resiste a estar sólo Felipe II, en este emblemático punto de encuentro de madrileños, visitantes y turistas. La Plaza Mayor. Tímidas son las visitas ahora de los que se resisten a abandonarla, pero esta plaza sobrevivió a un incendio devastador y desde el terrible Auto de Fé inquisidor, que se celebro con Carlos II como presidente en 1680, ha aguantado todo lo que en ella ha sucedido.

El Covid-19, llegaba a Madrid, un día de luna llena, para coronar nuestras vidas de miedo, pero no sólo los lobos, también los “gatos” que vivimos en esta ciudad, miramos a la luna nocturna en el cielo madrileño, con esperanza de volver a ser los que éramos. Se te echa de menos…. Madrid.

Ha sido imposible identificar a los fotógrafos que han realizado estas fotografías, a todos ellos ¡GRACIAS VALIENTES!. Si es necesario retirar todas o algunas de las fotografías que en este artículo se muestran, por cuestión de derechos, dirigirse a planetalatinoradiotv@gmail.com y serán retiradas inmediatamente.


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