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REAL EXILIO POR RACISMO

Escrito por el 12 marzo 2021

ES HORA DE QUE EN EL REINO UNIDO SE PREGUNTEN PORQUÉ UN HEREDERO AL TRONO HUBO DE EXILIARSE PARA SALVAR LA VIDA DE SU FAMILIA.

BRUSELAS // OLGA GAYON

Meghan y Harry son y serán unos privilegiados. Los dos, junto con su pequeño hijo gozan de una vida de ventajas respecto al común de los seres humanos del mundo. Ni antes, ni ahora, ni en el futuro, en su hogar se sentirá esa angustia masiva y universal por el temor de no llegar a fin de mes sin poder cubrir todos los gastos de la familia. Es posible que siempre vivan una vida de «reyes» porque pertenecen a ese mundo al que se llega con la vida material asegurada de por vida.

Ellos hacen parte de una de las familias más influyentes y ricas del mundo, cuyos ancestros de sangre y de realeza han reinado desde hace siglos en lo que hoy es el Reino Unido, país que hace poco más de un siglo dominaba gran parte del mundo. Por tanto, no necesitan hacer una larga cola ante la burocracia de las instituciones de otro país para que se les conceda la condición de exiliados. Ni ellos mismos la desean, porque quizás, ni siquiera se han visto como exiliados.

Meghan Markle es hija de negra y blanco estadounidenses. Cuando conoció a uno de los herederos de la corona británica era una actriz de renombre. Abandonó su carrera en la que se le veía un gran futuro, para someterse a las imposiciones adheridas al hecho de aceptar casarse con un miembro de la Casa Real británica. En esta reflexión no se cuestiona si casó por amor, ni si era una oportunista, o si era las dos cosas a la vez.

Harry es el hijo de la malograda princesa Diana y del primer heredero al trono del Reino Unido, el príncipe Carlos. ¿Cómo puede un príncipe, sexto en la fila de herederos al trono, viviendo en un palacio, con todos los gastos pagados en una vida literalmente de príncipe en la monarquía más poderosa del mundo, renunciar a todo, incluso a vivir en su país, a cambio de prácticamente nada? O, tal vez sí; a cambio de lo principal: su libertad, la de su hijo y la de su esposa.

¿Cómo puede sentirse un príncipe blanco, muy blanco, cuando un miembro muy cercano de su familia se atreve a mostrarle su preocupación por el color de la piel de su bebé al que su esposa carga todavía en el vientre? ¿Cómo puede soportar sin gritarle al mundo que su esposa, la que antes vivía libre en su mundo, se siente prisionera, segregada, despreciada y olvidada por su familia, la de él, una de las más prestigiosas e influyente del planeta? ¿Cómo, una mujer joven, exitosa, brillante independiente, solidaria con las causas raciales y feministas, pudo resistir el desprecio demostrado hacia ella por sus orígenes raciales en el seno de una familia como la de la Casa Real británica? ¿Qué impotencia los envolvió casi hasta el ahogo cuando solicitaron ayuda a esa familia por temor a que ella se suicidara, y recibieron un portazo en la cara como única respuesta?

Meghan y Harry han tenido que enfrentarse al exilio para salvarse ellos y salvar a su familia. Según la Convención de Ginebra, el exilio es la expatriación a la que se ven sometidas las personas, el abandono forzoso o voluntario de la patria por motivos generalmente políticos pero que también incluyen a la raza, la religión, el sexo, la orientación sexual, y la pertenencia a determinado grupo social. Esta convención no subraya en ningún caso, que los poderosos cuando se ven obligados a partir de su tierra, no son exiliados. Así, que si lo vemos desde el punto de vista de los derechos humanos, Meghan y Harry, son exiliados de la Casa Real británica. Por supuesto que no necesitan de la solidaridad de los ciudadanos de una nación para sobrevivir. Pero ello no les quita todo el dolor y el desarraigo, con todas sus consecuencias, que conlleva dejarlo todo para salvar sus vidas. El príncipe Harry lo dejó bien claro cuando en enero de 2020 explicó que abandonaba la familia real «porque no quiero que mi esposa corra la misma suerte que mi madre».

La boda real de los dos, maravillosa, por supuesto, se realizó en mayo de 2018. El nacimiento de su hijo Archie fue justo un año después, y ellos decidieron abandonar Reino Unido a comienzos de 2020. Es decir, año y medio después de la boda. Antes de hacer pública su decisión, los tres habían pasado una temporada de al menos dos meses en Canadá. Al abandonar la familia real, aparte de que perdieron toda la ayuda financiera que tenían como duques de Sussex, se comprometieron a pagar de su bolsillo el coste de las reformas del palacio que habitaron por un año: dos millones de libras. Es decir, al tomar la decisión de abandonar Reino Unido, literalmente, lo perdieron todo. Dejaron atrás las cadenas de oro para comenzar su vida de libertad.

La reina Isabel II, tras la entrevista que dieron sus nietos a la periodista estadounidense Oprah Winfrey, se ha mostrado consternada por el «sufrimiento que quizás tuvieron que enfrentar Meghan y Harry». Asegura que investigará en privado, quién o quienes pudieron haber hecho comentarios racistas sobre el color de la piel de su bisnieto Archie. Es decir, que su nieto, y según afirma todo el mundo, su preferido, renuncia a hacer fila para heredar el trono, deja su vida de privilegios y lujos, rechaza el dinero al que tienen derecho él y su familia para vivir como príncipes, paga dos millones de libras y se va de su país para tal vez nunca más volver a vivir en él, y la tierna abuela, reina de millones tanto en Reino Unido como diversas partes del mundo, hasta el lunes 8 de marzo de 2021, se viene a enterar de que a la esposa de su nieto y a él, los maltrataron porque la madre de Meghan y la otra abuela de Archie, tuvo «la desgracia» de haber nacido negra. Ella, la reina Isabel II, que lo controla todo con mano de hierro, no sabía el porqué de la «intempestiva» decisión de su nieto y su esposa, y padres de un bebé de tan solo siete meses, habían puesto entre ellos y la familia real británica un inmenso océano de por medio.

Lo del racismo en la Casa Real británica, aunque muchos opinadores de los medios británicos no se lo crean y tachen a Meghan Markle de mega actriz, debe ser investigado y sus conclusiones han de hacerse públicas. Y ese racismo no sólo proviene de los nobles sino que también está enraizado en la mayoría de la prensa británica, medios que han crucificado a Meghan por su color de piel y por no haberse sometido a las humillaciones para conservar su vida de princesa. También debe investigarse porqué la Casa Real se negó a auxiliar a Meghan cuando pidió ayuda por temer ella misma causarse daño por la situación que estaba atravesando durante su embarazo.

Lo del racismo en la Casa Real británica, aunque muchos opinadores de los medios británicos no se lo crean y tachen a Meghan Markle de mega actriz, debe ser investigado y sus conclusiones han de hacerse públicas. Y ese racismo no sólo proviene de los nobles sino que también está enraizado en la mayoría de la prensa británica, medios que han crucificado a Meghan por su color de piel y por no haberse sometido a las humillaciones para conservar su vida de princesa. También debe investigarse porqué la Casa Real se negó a auxiliar a Meghan cuando pidió ayuda por temer ella misma causarse daño por la situación que estaba atravesando durante su embarazo.

Discriminar a un miembro de la Casa Real antes de nacer, y subrayo, antes de nacer, es grave, muy grave. Si el racismo se da al interior de esta familia que reina, ya nos podemos imaginar el racismo rampante en la sociedad del Reino Unido integrada por millones de personas venidas de diversas partes del mundo que, por su puesto, no son blancas.

Que un periodista de la BBC, la cadena pública, haya difundido en su twitter una foto de una pareja con un chimpancé cuando nació el hijo de Meghan y Harry, demuestra el racismo bien aferrado que caracteriza a la sociedad británica. Que un periodista de la BBC se sienta con autoridad para publicar esto, nos dice hasta qué punto el racismo es tolerado allí cuando todavía se atreven a comparar el hijo de una persona con ancestros negros con un cachorro de primate. El periodista fue despedido pero, hasta el momento no ha sido ni investigado ni juzgado por esto.

El hecho de que Meghan y Harry sean ricos y poderosos, y que, es posible que hayan hecho caja con las denuncias que acaban de hacer públicas, no les quita su condición de exiliados. Algunos dirán que Meghan es estadounidense por tanto no está exiliada. Al entrar a hacer parte de la familia real, inmediatamente se le ha concedido la nacionalidad británica. Su hijo Archie se verá privado de crecer en el país en el que nació y de gozar de la cercanía de la mitad de su familia. El bebé también ha perdido mucho. Y Harry, el todavía príncipe Harry, prácticamente lo ha perdido todo. Pero su amor hacia su esposa y su hijo le dieron la valentía para abandonar la vida de privilegios públicos y privados que hasta ahora había tenido. Hay que reconocer que él lo ha sacrificado todo para salvar a su familia. Él, cuya madre murió en un extraño accidente de tráfico, justo después de haber denunciado la horrenda vida que le tocó vivir desde que entró a ser parte la familia real británica. No debemos olvidar que Harry quedó huérfano a los 12 años y que, hay un gran manto de duda sobre si lo que sufrió su madre en realidad fue un accidente. Quizás él, aunque todavía no se ha atrevido a decirlo literalmente, sintió mucho miedo de que la tenacidad y dignidad de su esposa Mehgan, lo dejaran viudo muy pronto y a su pequeño hijo, huérfano como él.

Es hora de que en el Reino Unido se pregunten porqué un heredero al trono hubo de exiliarse para salvar la vida de su familia. Y no, esto no es un asunto privado de la Casa Real británica porque esta casa ha sido denunciada abiertamente de racismo, además por haberse negado a defender a uno de sus miembros ante los continuos ataques racistas de la prensa. Tal como lo ha solicitado el Partido Laborista, la denuncia de racismo en la familia real ha de investigarse y hacerse pública. La Casa Real no es un asunto privado: lleva siendo pública desde hace siglos y pagada hasta el último penique con los impuestos de todos los conocidos allí como súbditos. Si la familia real acepta que todos sus gastos seas pagados por los británicos, la familia real es un asunto público. Y lo que allí sucede debe conocerlo hasta el último de los británicos; más, cuando el actuar de alguno o algunos de sus miembros, propició el exilio de toda una familia integrante de la Casa Real.